INCREÍBLE

Un viaje al paraíso sanjuanino de las muñecas: la casa de una coleccionista

Marina Baldis se dedica a la docencia pero en su casa del barrio Udap II, en Rivadavia, esconde su pasión que es el coleccionismo. Una herencia que comenzó cuando su papá juntaba billetes y estampillas y siguió con ella y su pasión por las muñecas. ¿Vamos juntos?
domingo, 18 de julio de 2021 · 13:07

Todo está clasificado, ella sabe exactamente dónde está cada pieza de cada una de sus colecciones, conoce qué accesorio lleva cada una de sus muñecas y sabe cuántas tiene. 

Entrar a la casa de Marina Baldis con 30 años es un viaje al pasado, a ese lugar donde te sentías segura, rodeada por tus barbies. A los 9 o 10 años, la sensación se debe asemejar a la de estar en un parque de diversiones, con entrada gratis para todas las atracciones. 

 

La colección de Marina contiene más de 200 Barbies, unas 400 Bratz y 100 Monster High, todas líneas de muñecas importadas que hoy son muy difíciles de comprar para cualquier familia de clase media que no tiene dolarizado su sueldo. Sin embargo, en el año 95 cuando esta sanjuanina empezó su colección, era más fácil conseguirlas. 

Al principio las compraba en jugueterías era una época donde estaba abierta la importación así que las iba buscando. 

 

Cuando no estaba dando clases de Química en la escuela de Pocito en la que todavía trabaja, aprovechaba para hacer crecer su colección. Hoy, las compra por Internet pero todavía se acuerda de aquella muñeca bailarina que encendió la llama. "En un viaje a Italia, yo era pequeña, mi mamá me compró una Barbie bailarina, con su tutú y todo, a mí me encantaba pero después la perdí", relata.

Muchos años después, cuando empezó a coleccionarlas, Marina pudo dar de nuevo con esa muñequita bailarina que aún hoy atesora como una de las más valiosas de su colección.

Las escaleras que llevan al primer piso de esa casa, en Rivadavia, están copadas por las muñecas. Todas están en sus cajas, pues son objetos de colección. "Tengo algunos compradores que están interesados pero todos del exterior", reconoce.

El preferido es Jack Sparrow. 

Marilyn Monroe, Cher, la Barbie Astronauta, Johnny Depp interpretando a Jack Sparrow y todos los personajes de "Mi bella dama" son algunos de los que más llaman la atención. Otro capítulo son las barbies caracterizadas con ropa de época desde los años 20' hasta el 2015, todas con su outfit de cada momento histórico. Es realmente una locura. 

La colección de "El Señor de los Anillos".

Después de las Barbies, cuando Marina empezó con la compra online, descubrió otras muñecas que también la enamoraron y fueron las Bratz, cabezonas y con sus piernas larguísimas. Ella sostiene que lo que más le llama la atención es que "se concentra todo en la expresión de sus carasy no tanto en el cuerpo". Las Bratz están guardadas en cajas, perfectamente limpias y vestidas. "Tengo ropita para cada una", comenta entre risas. 

La pasión por coleccionar objetos empezó con su padre, un investigador en jefe del Conicet que viajaba mucho y traía de cada lugar algo distinto. En el poder de Marina quedaron la colección de estampillas, de libros y de minerales. 

Mis hijos son más de soltar, por suerte.

El amor por la colección de muñecas trasciende a Marina y es famosa en el barrio porque las nenas saben que adentro de esas cuatro paredes se esconde el tesoro. "Yo las dejo que pasen y las vean, algunas que las tengo afuera de la caja se las he prestado a las amigas de mis hijas, cuando eran chiquitas, para que jueguen", confiesa la coleccionista. 

Uno de los momentos que más la conmovió desde que comenzó su colección fue la vez que cantó en un festival a beneficio de una nena con leucemia. "Fue para recaudar fondos, yo dije: le voy a llevar una muñequita. Le encantó y los padres me contaron que no la soltaba para nada", relata.

Esa niña, tiempo después, murió producto del cáncer y era tal el amor que tenía por ese juguete, que la sepultaron con la barbie que Marina le había regalado. 

Hoy, esa pasión por coleccionar ya no es lo que más entretiene a Marina y evalúa vender algunas de las piezas de todo lo que tiene. Para una niña de los 90', con familia trabajadora y muchos hermanos, tener una de esas muñecas era un sueño imposible. Después una se hace grande y con tres décadas encima y una hija, las prioridades son otro tipo de compras. Sin embargo, al terminar esta entrevista sucede lo impensado: "¿Te gustan?, elegí la que quieras y te la regalo". Estoy en shock, pongo en práctica lo enseñado por mi abuelita y digo que no: "Te lo agradezco pero me da cosa". Una sola vez más tuvo que insistir Marina. El viaje de regreso a la redacción es jugando con mi primer Bratz, a la que bauticé Rosita. 

 

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