Día Internacional del Orgullo Gay

Cómo es ‘salir del clóset’ en San Juan

Cuatro representantes LGBTIQ+ de la provincia hablan sin pelos en la lengua y coinciden que pese a la apertura de los sanjuaninos, todavía queda camino por recorrer. Experiencias personales y opiniones que enriquecen.
domingo, 28 de junio de 2020 · 12:27

En el Día Internacional del Orgullo Gay y bajo la premisa de cómo es ‘salir del clóset’ en San Juan, cuatro referentes del espacio LGBT de la provincia ofrecieron su mirada sobre el presente que les toca vivir y el pasado que debieron atravesar siendo activistas en una lucha que pretende ganar mayor respeto, reconocimiento y aceptación.

Si es que vale la pregunta en estos tiempos que corren, ‘salir del armario’ ha representado todo un símbolo para las comunidades homosexuales del mundo y el territorio local no fue la excepción, aunque una buena parte del colectivo hoy lo cuestiona y dice: “Por qué tener que dar explicaciones de lo que soy”.

Es que mientras hay quienes sienten la necesidad de gritarle al mundo lo que son y aprovechan fechas como estas para celebrarlo, otros prefieren evitar las etiquetas y normalizar tanto las identidades sexuales como las de género y el Día resulta una buena oportunidad para reivindicar conquistas y reclamar derechos. 

Alejandro Romero de Aequalis Cultura Diversa, Daniel Rojas de La Glorieta, Natalia Antuña de Aequalis y Verónica Araya de ATTTA (Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina) abordaron el tema y, a pesar de que señalaron que ser gay, lesbiana o mujer trans no fue ni es sencillo en muchos aspectos -sobre todo si tuvieron que ser testigos de masivas marchas anti derecho hace apenas 10 años atrás-, coincidieron con que hubo una evolución en la sociedad sanjuanina para con la diversidad.

Salir del clóset ya fue…

Con 38 años, Alejandro vive su sexualidad con total libertad y trabaja en un espacio de diversidad sexual para que otros también lo hagan. Como hombre gay, a él le tocó tener que contar su verdad cuando era joven y, según hoy lo entiende, esa acción fue producto de un mandato social, de una obligación que le fue impuesta.

“No debería ser así, pienso. Lo que pasa es que el sistema heteronormativo obliga a dar explicaciones a quienes no encajan. Es como un requisito por no cumplir con lo que se manda”, sostuvo y agregó: “Por qué tengo que dar explicaciones de cómo soy, cómo me visto, cómo hablo o cómo camino. Ninguna persona heterosexual lo hace”.  

En ese sentido indicó que San Juan cambió para bien en el último tiempo, en comparación con el pasado. “Antes vivíamos en las penumbras. Salir y caminar de la mano con otro hombre era algo imposible de pensar. Hoy, si lo hago voy a llamar la atención, pero el asombro no será tanto”, manifestó y advirtió: “Muchos se cuidan de no expresar su amor en público por miedo a una reacción violenta y eso es algo muy injusto”.

Pese a la evolución, señaló que una buena parte de la sociedad aún está atada a creencias arcaicas y concluyó con que una dosis de solución sería la educación basada en el respeto. “Trabajo en el ámbito educativo y he sufrido la discriminación. Sé que hay mucho por hacer y por eso vienen bien las palabras de Carlos Jauregui (activista) que dice que ‘en una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política’”.

Orgulloso a pesar de todo…

Empoderado como aquella primera vez que salió del clóset, Daniel disfruta de este presente cuando recuerda experiencias ingratas que vivió por el hecho de ser quien es. Es que luego de haber tomado la decisión de vivir con total libertad recién a los 30 años, en el proceso debió enfrentar a los mandatos sociales y culturales.

“Hasta tuve una novia por obligación. Pero conocer a una pareja homosexual y ver lo felices que eran me animó a dar el paso”, contó quien hoy tiene 51 años y aclaró: “Creo que no es necesario salir del armario si no es un deseo propio, porque los tiempos son otros. Es algo muy personal”.

A 10 años de la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario, el activista que encarnó aquel histórico momento desde San Juan recordó cómo fue ese día, cuando conoció la barbarie. “La UNSJ se portó de diez con nosotros (La Glorieta), nos prestó el Rectorado para que ahí concentráramos. Al mismo tiempo estaba la marcha ‘a favor de la familia’, disfrazada con una consigna positiva pero en el fondo estaban en contra de ese derecho. No íbamos a salir, pero algunos docentes que nos acompañaban nos alentaron y fuimos hasta la Plaza 25 de Mayo”, detalló.

En ese lugar, Rojas contó que menos de cien personas dieron la vuelta a modo de celebración mientras un remanente de la otra movilización observaba. “Teníamos un poco de miedo porque nos insultaban y escupían. No me olvido más que una señora, con un rosario en la mano, me tiraba agua bendita mientras rezaba. Me habrá estado exorcizando, tal vez”, expresó con humor y cerró: “Hubo escuelas religiosas que juntaron firmas y obligaron a sus alumnos a ir a marchar. El gobierno de turno también fue cómplice y los legisladores que votaron en contra, una vergüenza. Lo bueno de todo es que hoy lo vemos como algo insólito”.

Yo soy lo que soy…

Como mujer lesbiana e integrante de una nueva camada de jóvenes dirigentes en el colectivo LGBT local, Natalia de 26 años tiene claro que el desafío de las generaciones actuales y de las que vienen son conquistas que van más allá de salir del clóset por lo que aseguró: “La militancia lucha justamente para salir de estas ideas, lo que busca es normalizar la sexualidad e identidad de género de las personas, que nadie sienta una obligación de hacerlo”.

Si bien reconoció que ‘declararse’ para muchos fue traumático y hasta trágico, explicó que su tarea tiene que ser la de modificar los patrones sociales en la provincia para que esas experiencias dejen de existir y -para ella- eso se logra con educación. “Necesitamos una educación sexual integral para que todos sean visibilizados y que se forme a las próximas generaciones con conciencia y respeto por la diversidad”, añadió.

En base a su experiencia personal, la joven destacó que a pesar de la evolución de los últimos años el patriarcado sigue imponiendo sus normas. “Aunque ser homosexual no es una novedad, seguimos sin poder expresarnos libremente sin recibir una respuesta. Si doy una muestra de afecto en público, corro el riesgo de alimentar cierto morbo si lo hago con otra mujer y si un hombre lo hace puede esperar una reacción violenta”, ejemplificó una de las pocas activistas que representa a las lesbianas sanjuaninas.

Salir no alcanza, si hay que vivir…

Los protagonistas que expresaron sus ideas acordaron que el sector de la comunidad que más sufre es el que encarnan las personas que son transgénero. Echadas de sus casas y desterradas de sus comunidades, su lucha es por sobrevivir a un sistema que las ignora y que no ofrece oportunidades laborales ni educativas, por lo que su expectativa de vida oscila entre los 35 y 40 años. Después, mueren.

Verónica, a sus 39 años, admitió que hay una cadena de injusticias que hasta ahora no encuentra una solución: “Es difícil salir del clóset cuando se niegan derechos, cuando no se respeta al otro, cuando todavía pedimos un cupo laboral, cuando todavía no hay una ley que nos ampare, cuando no hay salud”.

Al frente de la lucha para cambiar la realidad que aqueja a 175 sanjuaninxs empadronadas en la actualidad, destacó que hay señales positivas desde el Estado ya que fueron incluidas en el Acuerdo San Juan -un gesto político para resaltar- con la promesa de trabajar en el acceso a una vivienda, a un trabajo y a la salud, ni más ni menos que a la dignidad.      

“No hay que escandalizarse porque hay una trans dedicada al trabajo sexual, hay que preguntarse por qué llegó a eso y la respuesta es porque no le quedó otra, tiene que comer, tiene que sobrevivir”, cerró.

 

 

  

        

    

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