Historias del Crimen

La mujer que fue perseguida y asesinada por su ex esposo en Villa Observatorio

Hace tiempo que estaban separados. El hombre no se resignaba. Un día la encontró en la calle de ese populoso barrio de Chimbas y la mató. El femicidio ocurrió en 1971.
domingo, 23 de agosto de 2020 · 09:11

El impulso, la ira y su estado de perturbación por la separación. Así justificaron algunos lo injustificable. El alevoso asesinato cometido por un jornalero, que a como dé lugar quería que la ex mujer regresara con él y que una tarde de noviembre de 1971 la encontró en una calle, la persiguió y la asesinó dentro de una casa en Villa Observatorio en Chimbas.
Pasaron casi 50 años de aquel crimen que hoy se calificaría como femicidio, pero eran otros tiempos. Así, Esther Tránsito Díaz no sólo perdió la vida, en ese momento también cargaron sobre ella parte de culpa de ese asesinato, que, al fin y al cabo, tuvo un solo responsable: su ex esposo Agustín Pablo Montaña.
La relación matrimonial había terminado hace tiempo. Las crónicas periodísticas señalan que estaban separados y Montaña insistía a Esther que volviera a su hogar, en Villa Observatorio. Ella tenía 24 años y era madre de tres niños. Ni en las notas de los diarios ni en la causa judicial se menciona la posible infidelidad por parte de alguno de ellos como motivo del distanciamiento, pero ni eso era motivo para tan trágico final.

Las razones de la separación poco importa ahora, la realidad era que Esther no quería volver con Montaña, quien aparentemente la agredía físicamente. Para el colmo, vivía en las cercanías. Fue así que la tarde del 20 de noviembre de 1971 se encontraron por casualidad o bien el hombre la esperó cerca de su casa en el interior de Villa Observatorio.
El jornalero de 25 años la paró en la calle y de nuevo le propuso que regresara a la casa que alguna vez fue el hogar de la familia. Eran alrededor de las 16. Discutieron unos minutos, hasta que ella enojada porque no la dejaba ir, empezó a insultarlo y le largó una cachetada. Montaña explotó de la rabia y sacó el odio guardado. Y cuando ella menos se dio cuenta, vio que éste tenía en su mano un cortaplumas para atacarla.

El homicida. Agustín Montaña.Foto de Diario de Cuyo.

La joven madre corrió aterrada y buscó refugiarse en el domicilio de una familia de apellido Rabaj, vecinos de la zona. De hecho, consiguió entrar a la casa, pero eso no frenó a Montaña que irrumpió a la fuerza en la vivienda y nadie lo pudo detener. Entre gritos y el forcejeo alcanzó a tomar a Esther y le largó un certero puntazo que dio en su pecho.

Fue todo, segundo a segundo la mujer empezó a desangrarse en medio del dolor y sus quejidos. Después cayó ya sin fuerzas, mientras los dueños de casa intentaban auxiliarla y le pedían que resistiera. Montaña, en cambio, se marchó. Esther se estaba muriendo, de modo que pidieron ayuda y la trasladaron en un auto al Hospital Guillermo Rawson. No hubo caso, llegó muerta.
Anoticiados del asesinato, los policías de la Seccional 17ma concurrieron a Villa Observatorio a detener a Montaña. Todavía seguía shockeado y fuera de sí, tanto que no quiso entregarse e hirió al agente Rafael Ruarte cuando éste lo redujo.
Dicen que tenía olor a alcohol, como si hubiese estado alcoholizado. En principio, Montaña trató de escudarse afirmando que no recordaba nada, pero luego confesó el asesinato y se justificó culpando de todo a la víctima.

Su responsabilidad en el crimen nunca estuvo en duda. Los integrantes de la familia Rabaj fueron testigos presenciales del ataque y la misma confesión del hombre sirvió para procesarlo. Eso sí, lo acusaron del delito de homicidio calificado en circunstancia extraordinaria de atenuación, supuestamente por el mal estado anímico que atravesaba por la separación, y resistencia a la autoridad.

En 1973 fue enjuiciado en el Cuarto Juzgado del Crimen. Montaña declaró que fue víctima de esa inestable situación de pareja y estaba quebrado por las veces que la mujer había abandonado el hogar, según consta en la sentencia. Su defensa planteó que actuó movido por los impulsos, por la ira y su estado de perturbación. El juez entendió que se dieron esas circunstancias extraordinarias de atenuación, además consideró que no tenía antecedentes penales y gozaba de un buen concepto en el vecindario, de acuerdo a su resolución. El 20 de noviembre de 1973 dictó sentencia y lo condenó a 15 años de prisión, pena que cumplió en el penal de Chimbas, cerca de su casa.

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