Historias del crimen

El caso del “justiciero” de Las Chacritas que mató a un joven que intentó robar en una casa

El hecho sucedió en febrero de 2004. Es la historia de un trabajador rural que, por defender la propiedad de su suegro, acabó con la vida de un ladrón.
domingo, 26 de julio de 2020 · 09:12

El caso del abuelo de Quilmes que mató de un tiro a un delincuente, removió muchos casos de supuestos “justicieros” en San Juan. Uno de esos sucesos casi olvidados fue el del “justiciero” de Las Chacritas, un obrero rural que una tarde de febrero de 2004 asesinó de un escopetazo a un ladrón que entró a robar a la casa de su suegro.

Aquella vez también hubo debates y expresiones de apoyo al “justiciero”. El que no pudo defenderse y ni siquiera dar su versión fue ese muchacho llamado Juan Antonio Peñaloza, apodado “El Chino”, que contaba con antecedentes penales y que perdió la vida en un intento de robo.

Peñaloza era de Rawson, pero la tarde del 24 de febrero apareció en Las Chacritas, en 9 de Julio. Más precisamente en el Loteo Fiorito. No andaba solo, lo acompañaba otra persona que nunca se supo quién era. Por lo que se llegó a reconstruir, eran pasadas las 19 cuando Peñaloza y su supuesto cómplice llegaron a la casa de un anciano en la esquina de las calles Buenos Aires y Córdoba de esa localidad del departamento 9 de Julio. En esos años, esa zona era casi rural y no había muchas casas en ese lugar que ahora es un barrio.

El dueño de casa no estaba debido a que, el día anterior, había sido internado por un problema de salud. El relato oficial señala que los ladrones posiblemente procuraron entrar a la vivienda por algunos de los accesos, pero la puerta de chapa y los barrotes de las ventanas se lo impidieron. Fue así que buscaron la forma de meterse por la claraboya del baño, esto explica porque subieron al techo.

El frustrado robo

El segundo ladrón logró colarse por esa abertura e ingresó a la vivienda, a todo eso Peñaloza se quedó en el techo haciendo de “campana”, según reconstrucción que hizo la Policía y la Justicia. La presunción fue que el primero de ellos -el que entró- empezó a reunir objetos de valor en el interior de la casa y los envolvió con la idea de llevárselos. Lo que jamás imaginaron fue que, minutos antes, alguien los vio arriba de la casa y salió a avisar lo que estaba pasando.

Por esas casualidades, el yerno del dueño de casa esa tarde andaba visitando a unos parientes o amigos en Las Chacritas. La persona que vio a los delincuentes sobre el techo de la esquina de Buenos Aires y Córdoba, se enteró de esto y fue a buscarlo para contarle que habían dos desconocidos arriba de la vivienda de su suegro y parecía que eran ladrones.

La casa. Esta es la vivienda donde ocurrió aquel episodio. Fuentes: Diario de Cuyo.

Furioso y también alarmado por lo que estuviese ocurriendo en la propiedad de su suegro enfermo, el hombre de apellido Espósito salió a buscar una escopeta y se dirigió a ver qué pasaba en la vivienda de la calle Buenos Aires.

No está bien claro cómo se dieron los hechos. Existieron distintas versiones. Que hubo un enfrentamiento a tiros, que aparentemente Peñaloza amagó con disparar al otro hombre o que Espósito disparó con la sola intención de espantar al desconocido.

De lo que hay certeza es que cuando caía la noche del domingo del 24 de febrero de 2004 se escuchó el estruendo de un disparo de escopeta. Peñaloza se desplomó arriba del techo. Todo fue confuso posteriormente. La versión es que Espósito se alejó del lugar para buscar ayuda, que luego llegaron dos vecinos y los uniformados de la comisaría de Las Chacritas. Su supone que, en ese ínterin, el cómplice escapó de la casa dejando librado a su suerte a su amigo.

El caso cuenta con una anécdota. El policía que llegó primero quiso sacar rédito e instaló el relato de que mantuvo un enfrentamiento a tiros con los delincuentes, en el cual logró abatir a uno de ellos con su pistola 9 milímetros. Quizás especulando que podía tener un reconocimiento dentro de la fuerza por su supuesto acto de valentía. Sin embargo, cuando confirmaron que había una persona muerta, el médico legista revisó el cadáver y descubrió que tenía aproximadamente 60 perdigones de plomo. O sea, el fallecido presentaba heridas de un disparo de escopeta y no de una pistola policial. Ante la evidencia, el uniformado que habló del supuesto enfrentamiento tuvo que retractarse y pidió disculpas por haber mentido.

La confesión

El propio Espósito luego confesó que él efectuó un disparo de escopeta, pero que fue al aire y con la única idea de asustar a los ladrones. Esa noche el trabajador rural terminó detenido. La inspección en la escena del crimen permitió establecer que Peñaloza tenía un revólver, el que apareció al lado de su cuerpo, pero que estaba sin proyectiles. Es decir, la víctima no había alcanzado a disparar. Adentro de la vivienda detectaron desorden y unos bultos, como que habían preparado algunas cosas que no lograron llevarse. Esto no sólo daba por sentado que el intento de robo contra la vivienda existió, sino que también dejaba planteada la sospecha cierta de que hubo otro ladrón que fugó en el momento que ocurrió la tragedia.

El caso desató una avalancha de reclamos de los vecinos que salieron a pedir la libertad del supuesto “justiciero” y que respaldaron su accionar. Esto quedó demostrado en los días siguientes, cuando el juez Leopoldo Zavalla Pringles junto con una comisión de peritos, el fiscal y decenas de policías, con la presencia del imputado, hicieron una reconstrucción del hecho. En esa oportunidad, la gente que presenció la medida judicial saludó al detenido y hasta lo aplaudió en una clara muestra de apoyo.

Al tiempo, el imputado recuperó la libertad. La Justicia le dio la razón y lo sobreseyó, según fuentes judiciales y policiales. En base al artículo 34 inciso 6 del Código Penal, lo declararon inimputable. En ese artículo se señala que no es punible, o sea no se puede juzgar a una persona, por obrar en defensa propia o de sus derechos, siempre y cuando medien circunstancias como la agresión ilegítima, la necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla, la falta de provocación suficiente por parte del que se defiende. Además, agrega expresamente “que se entenderá que concurren estas circunstancias respecto de aquel que durante la noche rechazare el escalamiento o fractura de los cercados, paredes o entradas de su casa, o departamento habitado o de sus dependencias, cualquiera que sea el daño ocasionado al agresor”.

El debate quedó abierto. Hasta hoy se discute si era, en ese caso, o es necesario llegar al límite de usar un arma y matar a una persona en esa situación. En el hecho de Las Chacritas, dieron por cierta la versión del trabajador rural y consideraron como acreditada las circunstancias que lo eximieron de toda responsabilidad por esa muerte.

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