Historias del crimen

Una noche de tragos en una whiskería de Desamparados y un asesinato entre amigos

Eran los tiempos en los que existían los cabarets. Los dos se fueron a beber, a la salida uno de ellos sacó un arma de fuego y se produjo un enfrentamiento que acabó de la peor manera. Sucedió en 1998.
domingo, 19 de julio de 2020 · 08:55

Eran amigos y compañeros de andanzas. No hacía mucho que habían caído presos juntos. La noche también era su mundo, entre copas y mujeres en una vieja whiskería de Desamparados. Así fue que una madrugada de junio de 1998 los encontró a ambos borrachos en ese cabaret, bromeando y contando sus historias. A la salida, uno de ellos se desbocó y cuando menos lo pensaron entraron a discutir, a provocarse y apareció un arma que minutos después separó para siempre a los dos amigos.

Esa fue la crónica de una noche fatídica para Daniel Torres y Ramón Eduardo Agüero, dos muchachos de no más de 33 años –en ese entonces- con antecedentes penales y con fama de matones que rompieron su amistad de la peor manera.

Los recortes periodísticos señalan que los dos eran de Rivadavia. Eran del “ambiente”, cuentan los policías que los conocieron. Meses antes de la tragedia los dos estuvieron detenidos por una causa por robo, según contaron. “El Tonta” Agüero, como lo llamaban, trabajaba de patovica en el viejo club nocturno Play Boy. En esos años todavía no existía la Ley de Trata de personas y entonces los cabarets y las casas de citas, donde prostituían a mujeres y la explotación sexual era moneda corriente, funcionaban con habilitación gubernamental.

La diversión para Torres y Agüero comenzó la tarde del sábado 27 de junio cuando se dieron cita con otros amigos en “El Caserón”, en Villa Andacollo, Rivadavia. Allí estuvieron tomando hasta los primeros minutos del otro día. Según las versiones de la causa, Torres ya estaba ebrio y se había puesto “pesado”, tanto que hacía alarde con una pistola que llevaba y largó un tiro contra una farola.

Noche furiosa

Ya en la madrugada del 28 de junio de 1998, Torres junto a Agüero y otro amigo de apellido Aguilar partieron de “El Caserón” para a seguir la fiesta en otro lugar y cayeron a “Play Boy”. Esa whiskería estaba sobre Lateral Oeste de Circunvalación y al Sur de Av. Libertador, en Desamparados, donde Agüero era prácticamente empleado del negocio.

Fue una noche más de copas, charla y bromas entre amigos, hasta que se les terminó el dinero y decidieron que era hora de marcharse. Nunca se supo si Agüero y Torres discutieron adentro del local o el problema se generó a la salida por algún mal modo o entredicho.

Lo cierto es que mientras caminaban por una calle interior del barrio Del Bono, Torres sacó la pistola Tala calibre 22 que cargaba en la cintura y volvió a amenazar con hacer unos disparos. Agüero quiso frenarlo y ponerlo en su lugar, pero comenzaron a decirse cosas. La situación se puso tensa, Torres estaba tan fuera de sí que amenazó y desafió a Agüero. Este no se achicó y le hizo frente dispuesto a no dejarse amedrentar, pese a que estaba desarmado. Es más, el otro muchacho de apellido Aguilar contó que estaban tan encarnizados los dos amigos, que le exigieron que se fuera que iban a arreglar cuentas a solas, de acuerdo a la causa.

Y pasó lo que se veía venir. Torres y Agüero se enfrentaron, pero el primero de ellos le pegó un tiro en una de las piernas y otro disparo en un brazo a su amigo. Este último reaccionó, se le tiró encima y alcanzó a quitarle el arma, con la cual le efectuó tres balazos en el cuerpo del otro.

El condenado. Este es Ramón Eduardo Agüero.

Agüero después escapó, mientras que Torres quedó moribundo en la calle. Minutos más tarde fue encontrado por otras personas y trasladado al Hospital Guillermo Rawson. Los médicos tuvieron que operarlo para salvarle la vida, aun así, su estado era delicado y permaneció internado en terapia intensiva.

La Brigada de Investigaciones empezó a hacer averiguaciones y a través de los amigos supieron que, esa madrugada, Torres había estado en compañía de Agüero y otro muchacho. Paralelamente tomaron conocimiento que Ramón Agüero estaba internado en el Hospital Marcial Quiroga como consecuencia de dos balazos. Las versiones policiales indican que éste, al ingresar al nosocomio,  no mencionó sobre el enfrentamiento que tuvo con su amigo, sino que alegó que había sufrido un asalto.

Los primeros días de julio, ordenaron la detención de Agüero. Por otro lado, la salud de Torres no mostraba mejoría. El lunes 6 de julio finalmente dejó de existir en el hospital Rawson. Lo que era un caso por presuntas lesiones graves o tentativa de homicidio, se convirtió una causa por asesinato y con el amigo de la víctima como único imputado.

Ramón Eduardo Agüero fue sometido a juicio en la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional. Llegó acusado del delito de homicidio simple. Sus defensores, entre ellos el abogado César Jofré, instalaron la versión de que esa noche hubo una pelea que la inició la propia víctima, quien además portaba un arma.

En defensa propia

El acusado dio esa versión, aseguró que su amigo le disparó, que él sólo se defendió después de que recibió esos dos balazos y que le efectuó unos tiros cuando logró quitarle el arma. Sus dichos fueron respaldados por otros testigos que estuvieron bebiendo la tarde previa al incidente, que declararon que Torres andaba con un arma. También fue clave la declaración del otro amigo que estuvo con ellos en la whiskería y vio el momento en que la víctima provocaba a Agüero.

“Aquello no dejó de ser una noche de copas, un problema de dos amigos que se embriagaron y se desconocieron. Y el juicio se demostró que el que atacó primero fue Torres y el otro se defendió. Agüero siempre estuvo arrepentido por lo que pasó porque eran amigos. Fue así”, explicó el abogado Jofré.

Las pruebas y testimonios favorecieron al acusado. Durante los alegatos, el mismo fiscal de cámara Ricardo Otiñano pidió que cambiaran la calificación de homicidio simple por la de homicidio en exceso en la legítima defensa, tal como planteó la defensa. El 5 de abril del 2000, el tribunal de la Sala III resolvió condenar a Ramón Eduardo Agüero a la pena de 2 de prisión por ese último delito. En razón de que llevaba preso casi dos años, a los días recuperó la libertad.

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