Historias del crimen

La adolescente pocitana asesinada a tiros por el hombre que decía “amarla”

Fue un femicidio cometido a fines de la década de 60. El sujeto era un changarín que le duplicaba en edad a la chica. Supuestamente existía una relación y él no aceptó que después ella lo rechazara.
domingo, 31 de mayo de 2020 · 08:54

Un diario tituló: “Por despecho mató de dos balazos a su pretendida”. Lo que no expresa la portada era que la chica asesinada tenía 15 años y que su homicida le duplicaba en edad. Nada mencionaba sobre que, si existía una relación, el sujeto se aprovechaba de la inocencia de esa adolescente. Y que, aunque decía “amarla”, quería poseerla de cualquier manera y la hostigó hasta que una tarde de 1969 la atacó alevosamente a tiros en una esquina de Pocito.

Deshojando viejos archivos, se cuela la historia de este femicidio cometido a finales de la década del 60. Un asesinato que casi nadie recuerda hoy, pero que en esos años conmocionó al departamento Pocito y que trae a la memoria el caso de Rosa del Carmen Bustos, esa chica que estaba en la plenitud de su adolescencia y fue víctima de la violencia de género.

Por aquellos años, era otro el contexto social. Quizás no sorprendía esa relación tan anormal, que en la actualidad podría calificarse hasta de una corrupción de menores, entre un hombre de 31 años como era Luciano Hilario Jofré y Rosa, que apenas tenía 15. Las versiones periodísticas de la época dan por sentado que ambos habían mantenido un romance. Ambos vivían en la zona de la calle 12, al Este de Mendoza, y provenían de familias de peones de campo. Es de suponer que ella era más chica cuando se conocieron y él comenzó a frecuentarla durante meses. También es probable que Hilario –así lo llamaban- la perseguía como un enamorado y estaba obsesionado con la adolescente.

Una obsesión

Los testimonios recogidos por el periódico Diario de Cuyo, en ese entonces, indican que solían verse en distintos lugares. El padre de Rosa se enteró de los encuentros y se opuso a ese supuesto noviazgo que, por la diferencia de edad, era inconcebible. A mediados de 1968, la chica perdió a su madre. Y según las crónicas periodísticas, pese a la resistencia de su papá y el resto de su familia, la pareja continuó reuniéndose a escondidas. Estaba dicho que, fuese consentida o no, esa relación no iba a terminar bien.

El lugar. Así está hoy el lugar donde ocurrió el ataque.

 A principio de 1969, la propia adolescente decidió alejarse de Hilario Jofré. Esto no fue tomado bien por el changarín que, contrariado por lo que él consideraba “amor” y su afán de poseerla, comenzó a hostigarla. En una ocasión la llevó a un bosque de la calle 12 para convencerla, pero como ella lo rechazó, quiso violarla. No se sabe si la golpeó, lo que aseguró la chica fue que éste también la amenazó de muerte. De esto hubo denuncia en la Seccional 7ma de Pocito, de acuerdo al expediente.

Como sucede a veces, no hicieron nada con el agresor. Hilario prosiguió con su actitud hostil y violenta. Puede que pasaron muchas otras cosas en el medio, pero la tarde del 21 de abril de 1969 él cumplió su palabra. Sin dudas estaba decidido a que, si Rosa no cedía a sus pretensiones, la asesinaría. No fue casual entonces que, ese día, llevara un revólver calibre 22 en su cintura y saliera a buscarla en su bicicleta en el momento en que la jovencita y su amiga, María Bastías, esperaban el colectivo en la esquina de las calles 12 y Aberastain, en las afueras de la villa cabecera de Pocito. Posiblemente la venía siguiendo.

Eran minutos después de las 15.30 de ese lunes de otoño. Rosa aguardaba el ómnibus en compañía de la otra adolescente para ir al cementerio a dejar flores a la tumba de su madre. Hilario Jofré se acercó, bajó de la bicicleta y dijo: “qué hacés Rosa, cómo te va…” e intentó tomarle una mano, de acuerdo a lo que declaró la testigo a la Policía. La chica se apartó y le exigió que se retirara. Él insistió en hablar, también le habría dicho que la amaba. La respuesta fue un “no” a secas.

Ataque a tiros

Hilario no se contuvo y en su cobarde impotencia sacó el arma de fuego. Ahí mostró su odio, su lado criminal. Y le largó los disparos. El primero dio en un brazo de la chica, que quiso correr para escapar. No lo logró. En el mismo instante recibió otros dos disparos, uno impactó en su cabeza. Su amiga salió aterrada a pedir ayuda. El changarín, al ver en el piso a Rosa, agarró la bicicleta y se retiró.

La versión es que encaró en dirección a su casa, pero en el camino se arrepintió y dio la vuelta para dirigirse a la Seccional 7ma. En el libro de guardia se dejó asentado que Jofré ingresó a las 16 horas, de ese lunes 21 de abril de 1969, a la comisaría ubicada frente a la plaza central del departamento. Vencido y sin escapatoria, se presentó a los policías y confesó que había matado a Rosa del Carmen Bustos de tres balazos. Como prueba, hizo entrega del revólver.

Escenario. La esquina donde se produjo el crimen.

Rosa, hasta tanto, agonizaba. Fue auxiliada por los vecinos y trasladada al hospital de la zona. Las heridas fueron mortales. A los minutos murió mientras era asistida por el personal médico en la sala de urgencias del viejo nosocomio de calle 11.

No hubo mucho que investigar, las pruebas en torno al crimen estaban a la vista. La propia confesión de Jofré era más que comprometedora. También el testimonio de esa adolescente de apellido Bastías y los antecedentes de las agresiones por parte del changarían contra la víctima que precedieron al homicidio.

A los meses, un juez procesó a Luciano Hilario Jofré por el delito de homicidio simple. Con la misma acusación fue sometido a juicio escrito en 1970. Su abogado alegó en su defensa que actuó bajo la circunstancia de emoción violenta. El argumento: que estaba desequilibrado y herido afectivamente por el rechazo de la joven y la oposición de su familia a esa supuesta relación amorosa.

El 20 de julio de 1970, el juez Carlos Horacio Zavalla del Cuarto Juzgado del Crimen condenó a 13 años de prisión a Jofré por homicidio simple. En su fundamento, expresó que no hubo esa circunstancia extraordinaria de emoción violenta. Es más, su accionar no dejaba dudas. El acusado había concurrido a ese encuentro con el arma encima. Además, existían los antecedentes del intento de violación y la amenaza contra la adolescente de 15 años.

Luciano Hilario Jofré pasó muchos años preso en el penal de Chimbas. Los vecinos afirman que nunca más lo vieron por la zona de Pocito donde vivía su familia. Pero aún anda por ahí. A través de sus parientes saben que vive en Caucete. Desconocen qué fue de la familia de Rosa Bustos. Algunos años después del asesinato, se mudaron de la casa que tenían en la calle 12.

 

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